Reflexiones a mi regreso de Japón


Me encuentro de regreso en Colombia y quiero manifestar mi profundo agradecimiento por todos los mensajes de solidaridad y de preocupación a raíz los trágicos acontecimientos durante mi viaje a Japón. Me gustaría compartir las siguientes palabras de reflexión.


El día 11 de marzo alrededor de las dos de la tarde me encontraba en el aeropuerto de Narita abordando un avión con destino a Fukuoka cuando la tierra se sacudió con violencia durante más de dos minutos produciendo las consecuencias catastróficas que ya todos conocen. Inmediatamente se cancelaron todos los accesos y salidas por tierra y por aire. Esa noche, más de tres mil personas tuvimos que pernoctar en el aeropuerto, durmiendo en el piso, en los sacos de dormir suministrados por las autoridades del aeropuerto y con las mantas proporcionadas por las aerolíneas. Nadie sabía que iba a suceder. Como no podía dormir por las espeluznantes noticias que pasaban en una pantalla gigante y debido a las continuas réplicas del terremoto, reflexioné sobre la terrible experiencia que cientos de miles de personas estaban viviendo en ese momento y lo afortunado que yo había sido, a pesar de la incertidumbre.


Lo que más me sorprendió de esa noche y de lo que pude ver en los días siguientes, fue el impecable comportamiento de la gente. En medio de circunstancias demoledoras, de haber perdido todo y de la incertidumbre por la suerte de sus seres queridos, nadie perdía la compostura, nadie trataba de aprovecharse de los demás ni de las circunstancias para beneficio propio. Por el contrario, todos trataban de ayudarse unos a otros, de sobreponerse a su propia tragedia para trabajar en beneficio de los demás. Siento escalofrío al pensar en lo diferente que han sido estas experiencias en nuestros países; de las consecuencias que todavía se viven después del Katrina, de las aun lamentables condiciones de los habitantes en Haití, de los suministros y de los recursos económicos que nunca llegaron a los damnificados luego de los terremotos de Popayán y Armenia.


No puedo dejar de comparar la conducta ejemplar de los japoneses en este escenario apocalíptico tan aterrador, con el más simple y ordinario comportamiento en un día normal de los ciudadanos en Colombia y en particular en Bogotá. El tratar de “colarse” en cualquier fila para pasar primero que los otros argumentando viveza, la impaciencia, los abusos, la inseguridad, la intolerancia, el irrespeto, la violencia física y verbal, la constante agresividad, los pitos histéricos y ensordecedores, la violación de las reglas elementales de tránsito por no soportar que alguien se pueda adelantar o que un peatón deba atravesar la calle. Qué noble lección la que nos dejan las circunstancias trágicas de este pueblo, en donde a pesar de la magnitud de la adversidad, el bienestar de la colectividad ha primado sobre el beneficio de cualquier individuo.


Durante siglos, Japón se ha nutrido y ha recibido una fuerte influencia del Budismo, lo cual se puede ver reflejado en este comportamiento. Las más grandes enseñanzas que aprendemos en nuestra práctica del zen, es que Todo está interconectado en el Universo y Todo lo que hacemos, desde nuestros actos más elementales, tiene consecuencia sobre nosotros y sobre los demás; que fundamentalmente no existe nada de lo que nos podamos apropiar o aferrar. Sin embargo, aquí seguimos queriendo aprovecharnos de los otros, pensando en que si pasamos por encima de ellos estaremos podemos apoyarnos en su miseria para ascender y obtener mejores condiciones. La envidia, el orgullo y la arrogancia que vemos en nuestros conciudadanos son considerados el budismo como “venenos de la conciencia”. Son los velos que nos impiden ver la realidad de interdependencia y son el origen del sufrimiento que producimos en nuestra propia vida y en la de los demás. Aun no hemos aprendido que el individuo no existe separado de los otros, que uno sólo no puede progresar mientras sus acciones generen sufrimiento en otros seres. Por el contrario, en la medida en que el grupo se crece, el propio individuo se beneficia junto con los demás.


Con nuestra práctica y estudio del zen, podemos modificar el comportamiento de nuestra sociedad. No a través del adoctrinamiento o de la crítica, sino a través de marcar la diferencia con nuestra propia transformación. Si modificamos la manera habitual como nos relacionamos con los demás, como tratamos a los otros, podemos convertirnos en ejemplo para aquellos con los que nos relacionamos. Desde la perspectiva del budismo, la compasión, la tolerancia y la sabiduría son las características que definen esta nueva forma de relacionarnos. A pesar de que muchas personas sin experiencia dicen que el zen no es budismo, que con sólo sentarse a mirar una pared calentando un cojín es suficiente, es necesario saber que el entrenamiento es esencial para modificar la conducta habitual. Es importante estudiar el ejemplo y las enseñanzas de aquellos que pudieron realizar el camino. Realizar prácticas que nos obliguen a responsabilizarnos de nuestros actos y sus consecuencias modificando las tendencias impulsivas con las que reaccionamos habitualmente. Por esto, debemos fortalecer nuestra comunidad, contagiar nuestro entusiasmo, expandir el alcance de nuestra práctica y multiplicar las condiciones para que cada vez más personas se unan a esta misión de convertirnos en un faro para la conciencia. Producir el terreno apropiado para que las personas puedan acercarse, nutrirse de estas enseñanzas del Buda y de los ancestros, y transformar las raíces del sufrimiento en ellas mismas y en los demás.


Habiendo regresado de mi retiro en el templo Myōkōji en Japón luego del terremoto, estoy más determinado que nunca a poner toda mi energía en expandir el alcance de la Comunidad Soto Zen de Colombia. En buscar las condiciones económicas y físicas para marcar la diferencia. Para mostrar que nuestra Comunidad no es otro club de meditación o algún tipo de escuela para aprender técnicas exóticas de la Nueva Era o herramientas para triunfar. Lo que ofrecemos en la Comunidad es la propia transmisión de la enseñanza de Buda, sustentada en un linaje ancestral auténtico, respaldado por un entrenamiento tradicional. Quiero invitarlas e invitarlos a que juntos pensemos en cómo podemos obtener los recursos necesarios para ejercer una fuerte influencia en nuestra sociedad y ser los gestores del cambio que necesitamos.


Que hoy sea el comienzo de una nueva etapa en nuestro voto y que los méritos de nuestra práctica sean transferidos a todos aquellos que sufren y en particular a todas las víctimas de esta tragedia que hoy vive Japón.


Con profundo respeto y agradecimiento,


Densho

Palabras de reflexión para el año nuevo

A través del esfuerzo, la diligencia, la disciplina y el autocontrol, que el hombre sabio haga de sí mismo una isla que ninguna inundación pueda anegar.

Dhammapada II.25



La antigua sabiduría china del “Libro de los Cambios” nos enseña que en la naturaleza siempre hay ciclos que debemos observar para saber cómo actuar. Hay tiempos de espera, tiempos de siembra y tiempos de cosecha. 2010 llega a su fin y es momento para reflexionar sobre lo que hicimos. Cuáles de nuestros propósitos de comienzo de año cumplimos y cuáles dejamos de realizar. Con respecto a nuestra práctica, vale la pena recapacitar sobre qué tanta energía utilizamos durante este año para transformar las tendencias de nuestra mente que dan origen al sufrimiento. Qué tanta de la insatisfacción que experimentábamos en nuestra vida sigue igual. A final de año, el impulso para practicar es reemplazado por el “regreso al hogar”, enmarcado por la actividad social, los compromisos familiares y las fiestas. Es una gran oportunidad para revisar en qué medida seguimos alimentando las semillas de nuestras tendencias kármicas y cuánto hemos modificado nuestro comportamiento con respecto a la generación del sufrimiento en nosotros y en los demás.


En el budismo se dice que nacer como ser humano es una oportunidad muy afortunada, pero que lo es aún más, entrar en contacto con la enseñanza del Buda. Hemos tenido la extraordinaria posibilidad de conocer un camino que nos permite comprender y modificar las causas de nuestra insatisfacción y construir la vida que queremos.


Practicar el camino del buddha es sólo posible dando un uso consciente y coherente a la propia fuerza vital. Emplear parte de la energía que utilizamos en la búsqueda de reconocimiento social, riqueza, estatus, autosatisfacción, o la que desperdiciamos en la inercia de nuestros hábitos, e invertirla en dirigir nuestra vida hacia el despertar a la realidad. Impregnar nuestro ser con la certeza de que la insatisfacción es producto de la ignorancia, que todo es impermanente, que no hay una existencia substancial inmutable y que es posible encontrar la paz y la felicidad en esta misma vida. Nuestra práctica de zazén, es precisamente la actualización de ese despertar a estos cuatro sellos de la existencia (shihoin). Pero para que la práctica se pueda llevar a cabo se necesitan dos condiciones. Una profunda fe y un esfuerzo sostenido. En el zen la fe no está puesta en algo fuera de cada uno, sino precisamente en la convicción de que la postura misma es expresión de la totalidad de la vida, libre de los velos de la ignorancia. Por su parte, el esfuerzo es Virya, la renovación constante de la energía para sobreponernos a nuestros hábitos y llevar a cabo la práctica por encima de la comodidad y la pereza.


El maestro Dōgen dice que para practicar la Vía es indispensable producir la mente que busca el despertar, Boddhicitta. Debemos incorporar en nosotros algo más que una simple comprensión intelectual. De acuerdo con el budismo Boddhicitta tiene dos aspectos, uno absoluto que es despertar a la universalidad de la vacuidad (sabiduría) y el otro relativo que tiene ver con el interés hacia los otros seres y el deseo de ayudarlos a liberarse del sufrimiento (compasión). El maestro Okumura en su libro Realizando Genjōkōan, dice: “debemos tratar de manifestar con nuestro cuerpo y mente una práctica individual que es a la vez práctica para la comunidad. Debemos decirnos, “Esta es mi propia práctica, nadie puede hacerla por mi”; pero también debemos decir, “Esta práctica en realidad no es sólo para mí sino para toda la comunidad.” Debemos descubrir cómo podemos servir mejor a la comunidad y sin embargo, debemos hacerlo a través de nuestro actuar personal y de nuestra propia responsabilidad. Somos del todo independientes pero al mismo tiempo somos completamente parte de la comunidad.”


Con el año nuevo, llega la fatiga y el deseo de cambio y es una gran oportunidad para renovar nuestros votos de practicar. Cuando a través de nuestra práctica observamos las tendencias de nuestra mente, comprendemos que no sólo hay en nosotros tendencias nocivas que producen sufrimiento, sino que también hay tendencias sanas como la tolerancia, el respeto, la benevolencia, la generosidad, etc. que producen consecuencias benéficas. Depende de nosotros qué semillas kármicas de nuestro pasado regamos y alimentamos y decidir cuáles frutos deseamos cosechar. Pero, no es posible continuar practicando sólo con el impulso inicial que nos llevó a buscar la vía. La práctica sólo es posible si renovamos nuestro entusiasmo. La palabra entusiasmo tiene su origen en las raíces griegas “en” y “theos”, y significa “dios en nosotros”, es inspiración, estar imbuidos por la fuerza vital que da origen al mundo en cada momento. Si damos preponderancia a nuestras tendencias habituales, nos separamos de esta Totalidad. Si por el contrario, a través de nuestra práctica de simplemente estar sentados, shikantaza, dejamos de identificarnos con la aparente individualidad, podemos permitir que esta fuerza se manifieste a través de nosotros y en la vida cotidiana, participar de manera creativa en la producción de una realidad sana y liberadora del sufrimiento. ¿Qué tan dispuestos estamos a transformar nuestra realidad? ¿Qué tanta energía de nuestros viejos hábitos estamos dispuestos a invertir en nuestra práctica? ¿Hacia dónde queremos realmente dirigir nuestra existencia? El maestro Uchiyama dice, que lo que diferencia a un ser humano ordinario de un Bodhisattva es la motivación que tiene en su vida: “En lo ordinario la gente vive pensando sólo en sus propias circunstancias estrechas conectadas con sus deseos. En contraste, un bodhisattva a pesar de ser innegablemente un ser humano como todo el mundo, vive apuntando al bienestar de todos, como dirección de su propia vida.” Una dirección que debe ser revisada y renovada momento a momento, pues podemos caer en la “noción ilusoria” (klesha) de que ya lo hemos logrado y regresar una vez más en una vida de sufrimiento.


Denshō Quintero

8 de diciembre, iluminación del Buddha

En la tradición zen, el 8 de diciembre se celebra la iluminación del Buddha. Quisiera compartir con todos ustedes unas palabras de reflexión sobre lo que significa este despertar en nuestra vida.

“Cuando la estrella de madrugada finalmente apareció,

Buddha realizó la Vía.

En la nieve hay una sola rama de flores de ciruelo.

En la Gran Tierra, los seres sensibles junto con las hierbas y los árboles

Alcanzaron gozo como nunca antes de este momento.”

Dōgen Zenji Eihei Kōroku 5.360

Luego de su experiencia de iluminación, el Buda con profunda compasión decidió convertirse en maestro de “seres humanos y celestiales”. Gracias a su voto de compartir su experiencia para ayudar a liberarlos a todos del sufrimiento, sus enseñanzas se han transmitido por más de 2500 años y aunque se han desarrollado diversas escuelas a través de la historia, esto no es más que la expresión de Upaya (los medios hábiles) para ayudar a los seres a atravesar de la orilla del samsara a la del nirvana. El mismo maestro Dōgen luego de su regreso de China, expresó que él no había traído una escuela nueva, sino el dharma mismo de buddha en su expresión más pura y el que había recibido junto con el linaje de su maestro Tendo Nyojo (T'ien-t'ung Ju-ching). Dōgen dijo: “El gran maestro Shakyamuni correctamente transmitió el método maravilloso para realizar la vía. Los tathagatas de los tres tiempos también alcanzaron la Vía a través de zazén. Por esta razón, [zazén] ha sido transmitido de persona a persona como la verdadera puerta.”

En nuestra práctica de zazén soltamos todo lo que viene a la mente, incluyendo percepciones, pensamientos y sensaciones. Es decir, abandonamos nuestra manera habitual de ver la realidad y de relacionarnos con los fenómenos. Las formaciones mentales siguen apareciendo pero se extinguen por sí solas debido a que no nos identificamos con ellas. Ya no nos separan de la realidad presente, sino que forman parte del escenario, de la manifestación total de la existencia en la cual estamos incluidos también nosotros. Nos liberamos de nuestra ilusión de ser identidades fijas y fluimos momento a momento mientras incluimos todo lo que se presenta. Liberamos a las demás existencias de la separación que habíamos creado con nuestras opiniones. Nos sumergimos por completo en la vida presente y todo lo que aparece ante nosotros es Manifestación Total. Podemos aceptar sin condiciones, sin juicios, a cada fenómeno, a cada circunstancia presente, sin la habitual creencia de que si las circunstancias de nuestra vida fueran diferentes todo sería mejor. Es la comprensión absoluta de que todo lo que existe es ahora, incluyendo pasado y futuro. Despertamos a la realidad de interdependencia de todo en el Universo y comprendemos cómo cada cosa que hacemos, pensamos y decimos afecta a los demás seres. Esto es lo que el maestro Dōgen llama Jijuyu zanmai, la práctica del ser en samadhi (recogimiento), recibiendo y aceptando su función.

No hay separación entre nuestro zazén y el despertar de Buddha. Okumura Rōshi dice: “Sin práctica, aquí y ahora, las enseñanzas del Buddha no significan nada. En este sentido, nuestra práctica manifiesta buddha. Debido a nuestra práctica, Buddha revela su vida eterna aquí y ahora.” Es así, como en cada momento que practicamos, actualizamos el despertar en el cual, como el mismo Buddha lo declaró en el momento de su iluminación: “He alcanzado la vía simultáneamente con el mundo entero y todos los seres sensibles. Todo – las montañas, los ríos, los árboles, el pasto – todo ha alcanzado la budeidad.

En nuestra práctica de zazén, debemos abandonar la búsqueda de lucro personal y confiar toda nuestra existencia presente a la postura. Expresar con todo nuestro ser, con cada célula de nuestro cuerpo la certeza de que “zazén es la realidad total de la vida”. Como lo expresó el maestro Dōgen: “Cuando uno expone el mudra (sello) de Buddha con todo el cuerpo y la mente, sentado en esta concentración aunque sea por un corto tiempo, todo en el completo mundo del dharma se convierte en el mudra de Buddha y todo el espacio en el Universo es iluminación total.

Nuestra práctica es nuestro aporte creativo, nuestra contribución concreta para transformar las raíces del sufrimiento y crear las condiciones de una vida sana y una sociedad compasiva, tolerante, inclusiva y respetuosa. Lo(a)s invito a continuar alimentando el fuego de nuestra sangha con su práctica y a iluminar el camino de nuestros hermanos desde el faro del templo Zen Mente Magnánima, Daishinji.

Fraternalmente en el Dharma.

Iluminar un rincón del mundo

Durante los 26 años que llevo practicando y estudiando el zen mi vida se ha transformado de manera maravillosa y es precisamente esta posibilidad de cambio lo que quise compartir con otros desde el momento en que tomé la decisión de crear un centro de práctica. Debido a que a pesar de mis propias dificultades he continuado en la Vía del zen durante todos estos años, mi práctica ha podido madurar y he comprendido que lo que nos mantiene alejados de la auténtica práctica y perpetuando la insatisfacción, es precisamente la búsqueda de provecho personal. Zazén no puede ser practicado con ánimo de lucro. Mientras no cambiemos la motivación para sentarnos, seguiremos alejados de “la puerta dhármica de paz y felicidad, la práctica-realización de un despertar perfecto e insuperable”, como llamó el maestro Dōgen a zazén.

Entre las experiencias más poderosas que he tenido el privilegio de realizar en el zen y que han sido profundamente transformadoras en mi vida, son los períodos de entrenamiento formal de tres meses (Ango). Ango significa literalmente “morar en paz.” Durante los 90 días de confinamiento, los monjes deben olvidar sus puntos de vista personales sobre lo que debería ser o no ser la práctica y dedicarse a cumplir sus funciones con presencia plena, sabiendo que cada acto afecta a toda la comunidad. Ya no se practica para beneficio personal sino para contribuir con sus actividades al ritmo armónico de la comunidad. Todos practican como un solo organismo en lugar de cada uno por su lado.

Algunas personas creen que con sentarse en silencio frente a un muro en la postura de piernas cruzadas es suficiente y que no necesitan ni estudio ni enseñanzas y creen que con alquilar un cojín en un Zendo basta. Pero si sentarse fuera suficiente, todos los sapos serían iluminados. El maestro Dōgen dice: “Es importante recibir instrucción de un maestro mientras se practica el Dharma de Buda. Nunca usen sus propias ideas como fundamento.” Es gracias a las enseñanzas del Buddha y de los maestros que podemos modificar los viejos hábitos y tener la actitud justa durante zazén: soltar todo lo que aparece en la mente y confiar todo a la postura de zazén. Dōgen dijo, “Aun no has alcanzado la Vía, porque todavía te aferras a tus opiniones personales.” Nuestras propias ideas y aferrarnos a ellas es lo único que nos separa de la realización.”

Comprendo que para muchas personas es difícil asistir a zazén con regularidad. Los horarios, el tráfico, el clima, los compromisos laborales o familiares, etc. Pero es importante entender que las limitaciones no deben ser un impedimento. Personalmente creo que en la vida los problemas son el verdadero abono para crecer como seres humanos. En lugar de verlos como obstáculos insalvables podemos apoyarnos en ellos para dar el salto y avanzar. Es precisamente tras comprender nuestra condición de seres impermanentes viviendo en la ignorancia que podemos “hacer surgir en nosotros la mente que aspira al despertar” (Hotsu Bodaishin), la motivación fundamental sin la cual no es posible practicar la vía. Comprendo que es fácil recaer en los viejos hábitos del ego y me siento motivado para buscar los recursos que ayuden a los practicantes a continuar a pesar de las dificultades, a seguir y dar el salto de una práctica egoísta a la actualización de la mente de Buda.

Cuando el maestro Dōgen regreso de China en 1227 hizo el voto de propagar el Dharma y liberar a los seres. Su ejemplo me ha motivado a crear las condiciones para que otras personas puedan encontrar en el zen un camino de liberación del sufrimiento, ofreciendo una práctica tradicional y la continuación de una enseñanza de corazón a corazón a través del linaje que Dōgen transmitió en Japón y que recibí de mi maestro, Okumura Rōshi.

Además de zazén, existen muchas otras maneras para contribuir al desarrollo de la misión. Con la ayuda de todos podremos crear un faro desde donde, con la luz del Dharma, ofrezcamos una posibilidad concreta para modificar la manera como nos relacionamos con la vida. Transformar la sociedad desde nuestra propia transformación. En el camino del Bodhisattva están contempladas las paramitas o sabidurías, como herramientas para ayudar a otros a alcanzar la paz y la felicidad en medio del caos y florecer como Lotos con las raíces enterradas en el lodo del mundo. Paramita significa literalmente “hacia la otra orilla,” la orilla del nirvana. El budismo contempla diez:



1. Dāna: generosidad

2. Sīla: virtud, moralidad, honestidad, conducta apropiada

3. Nekkhamma: renuncia

4. Prajñā: sabiduría

5. Viriya: energía, esfuerzo

6. Kshanti: paciencia, tolerancia, receptividad

7. Sacca: sinceridad

8. Adhitthana: determinación, resolución

9. Mettā: bondad, amabilidad

10. Upekkhā: ecuanimidad, serenidad


Lo(a)s invito a reflexionar sobre estas herramientas y a que piensen en cómo cada uno(a) puede aportar de manera creativa y de acuerdo a sus propias posibilidades y recursos para el desarrollo de nuestra misión. Si logramos iluminar un pequeño rincón como nuestro zendo, iluminaremos el mundo entero.

Linaje y transmisión

En la tradición de la escuela Sōtō fundada en Japón por el maestro Dōgen, pertenecer a un linaje significa haber recibido la transmisión del Dharma. Es decir, haber pasado por todo el proceso de un monje hasta ser certificado por su maestro con lo cual está capacitado para enseñar. En primer lugar, el aspirante debe recibir la ordenación formal (shukke tokudo), lo cual incluye, recibir los preceptos, el Kesa (hábito de Buda; sólo el color negro es permitido), el kechimyaku (certificado de línea de sangre que lo une al buda a través de los ancestros), los cuencos (Oryoki), el nombre en el dharma (Hōmyō), y que se le corte el shura (último mechón de pelo); todo esto es realizado por un maestro certificado y autorizado para hacerlo. Luego, la ordenación es inscrita en la escuela Sōtō mediante un formulario y acompañado de la foto del maestro cortando el shura como garantía de la ceremonia. A partir de este momento, el estudiante es considerado un novicio (unsui) y discípulo (deshi) del maestro de quien recibió la ordenación. Luego de algún tiempo de estudio y práctica, el novicio debe realizar la ceremonia de Hossenshiki [Combate en el Dharma], en la cual el monje es interrogado sobre su comprensión del Dharma por otros monjes de la Comunidad (Sangha) con varios maestros como testigos. Con esto el discípulo accede al nivel de shusso (primer discípulo) o zagen (primer asiento), que lo convierte en líder de los monjes. El siguiente paso es recibir la transmisión del Dharma que se realiza durante varios días y finaliza con una ceremonia privada con su maestro. Durante esta ceremonia, el aspirante recibe la transmisión de los preceptos (Denkai) que lo autoriza a otorgar preceptos a otros y la transmisión del Dharma misma (Denpo o Shiho) que lo certifica para enseñar formalmente. Sólo entonces, se recibe la autorización para cambiar el hábito de color negro por el de color marrón (ten-e). Para que la transmisión del dharma quede confirmada se debe realizar la ceremonia Zuise, que es rendir homenaje a los fundadores de la escuela Dōgen Zenji y Keizan Zenji y “ocupar la posición de abad por un día” en los templos principales de la escuela, Eiheiji y Sojiji. Con esto se recibe el grado de sacerdote (osho y niosho para mujeres) que lo faculta para oficiar ceremonias y enseñar. No obstante, para poder ordenar a otros monjes es necesario haber realizado un mínimo de tiempo de entrenamiento formal en un monasterio autorizado (Senmon Sōdō) y recibir el grado de Nittokyoshi (sacerdote de segundo nivel). Todos estos pasos en la vida de un sacerdote budista zen son firmados por el maestro y consignados en el “Registro de Sacerdotes” en la oficina de la escuela Sōtō en Japón. A pesar de que en ocasiones se ha querido presentar el zen como una técnica de superación, una filosofía o un sistema de vida, se trata de la esencia de la enseñanza budista y como tal no se puede desvincular de lo que el Buda mismo transmitió. Hoy día se pretende ser monje o maestro sin haber pasado por este proceso y con esto, se está desvirtuando la transmisión. Mientras no se haya recibido la transmisión del Dharma no se puede decir que uno pertenece a un linaje específico o que se pertenece a la escuela Sōtō ni enseñar oficialmente de acuerdo con las regulaciones para monjes de la misma.

El voto de bodhisattva


“Tomar el voto de bodhisattva supone un enorme poder por el hecho mismo de tratarse de algo que no hacemos simplemente por el placer del ego. Va más allá de uno mismo. Tomar el voto es como plantar una semilla de un árbol de rápido crecimiento, mientras que hacer algo en beneficio del propio ego, es como sembrar un grano de arena. Plantar una semilla como la del voto de bodhisattva debilita paulatinamente al ego y conduce a una tremenda expansión nuestra perspectiva. Este heroísmo, o grandeza de la mente, llena completamente todo el espacio, de forma total y absoluta”.
“El voto de bodhisattva es el compromiso de dar prioridad a los demás antes que a uno mismo. Es declararse dispuesto a abandonar el propio bienestar, incluso la propia iluminación, para el beneficio de los demás. Un bodhisattva es sencillamente una persona que vive en el espíritu de ese voto, perfeccionando las cualidades llamadas los seis PARAMITAS – generosidad, disciplina, paciencia, esfuerzo, gozo, meditación y conocimiento trascendente o sabiduría – trabajando para liberar a todos los seres”. –Tomado de "El Corazón de Budha" - CT -
Ji Mon
合掌, Gasshō
Verónica Ruiz

Introducción a la práctica de shikantaza


Con Densho Sensei
Director de la Comunidad Soto Zen de Colombia

Nuevos horarios de meditación zen

Templo Mente Magnánima
Daishinji


Comunidad Soto Zen de Colombia


Shikantaza, meditación zen

Martes y jueves: de 6:00 AM a 8:00 AM Lunes, martes, miércoles y jueves: de 7:00 PM a 9:00 PM
Sábados: de 7:00 AM a 9:00 AM

Del Shobogenzo Zuimonki

Eihei Dogen Zenji (1200-1253)
Charlas Informales
Un día un estudiante preguntó: " Aunque he estado estudiando la vía durante años, no he alcanzado la iluminación. Los antiguos maestros han dicho: ' No dependa de la inteligencia ni del estudio. ‘Entonces, creo que incluso si soy lento y poco sabio, no debería desalentarme. ¿Hay algo que debo aprender de los antiguos maestros al respecto?"
Dogen enseñó: “Usted está en lo cierto. La inteligencia inherente o una alta capacidad no son necesarias. No debería depender de su brillantez o inteligencia. No excluya a aquellos que son muy lentos o menos talentosos. Sin embargo, es un error decir que para el estudio verdadero se debe ser como una persona ciega, sorda o muda. El verdadero estudio de La Vía debe ser fácil. Pero incluso entre los cientos y miles de estudiantes en los monasterios de la Gran Época Song de China, los que genuinamente logran la Vía y heredan el dharma, son solamente uno o dos. Por lo tanto, debemos mantener presente los ejemplos de los antiguos maestros.
Veo que hay algunos que tienen la máxima aspiración y otros que no. Los que tienen una aspiración alta y estudian de acuerdo con su aspiración, no fallarán en su propósito de lograr la Vía.
Debe recordar que lo mucho que estudie y lo rápido que progrese, es secundario. La mente jubilosa e inquisitiva, es lo primordial.
Los que prometen robar un tesoro precioso para derrotar a un poderoso enemigo o para conocer una mujer hermosa, seguirán su propósito y lo tendrán presente en cada ocasión bajo cualquier circunstancia, mientras caminan, se levantan, se sientan o yacen acostados. Nada se deja sin alcanzar ante un compromiso de este tipo. Si usted busca La Vía con intención genuina, mientras practica sólo sentarse (shikantazá), mientras trabaja en los koanes de los antiguos maestros, o cuando tiene entrevistas privadas con el maestro, entonces, puede llegar a cazar el pájaro, por muy alto que vuele (alta aspiración) o incluso pescar el pez
por muy profundo que se encuentre en el agua (profunda aspiración). Pero sin despertar la mente de la firme determinación (BODHICITTA), ¿cómo puede realizar el Gran Asunto de cortar el ciclo de los nacimientos y las muertes en el instante mismo en que las palabras: "La Vía de Buda", son pronunciadas?
Aquellos que tengan esta firme determinación, sin duda se iluminarán, aunque sean menos instruidos o lentos, aunque sean tontos o enfermos.
Después de despertar esta mente deberá reflexionar sobre la impermanencia del mundo. La impermanencia no es algo que uno simplemente visualice, o algo que uno cree y en lo que luego piense. La impermanencia es la verdad que está enfrente. No es necesario estudiar las palabras de otros o buscar evidencia textual sobre este asunto. Nacer en la mañana y morir en la tarde, no ver hoy a quien vio ayer; la impermanencia de la vida está en ojos y oídos. No debe verlo u oírlo sólo en función de otros, sino aplicarlo a sí mismo.
Incluso si espera vivir durante setenta u ochenta años, al final estará destinado a morir. Usted debería considerar sus placeres y penas, sus relaciones, y el apego a los asuntos mundanos como un enemigo. Hacerlo es el camino a una vida más plena. Debería tener presente sólo la Vía de Buda y trabajar para la dicha del nirvana. En especial, aquellos de
ustedes en edad mediana o ancianos, ¿Cuántos años creen que les quedan? ¿Cómo pueden ser indolentes en su práctica de La Vía?
Sin embargo, esto no es aún suficientemente urgente. Debería examinar tanto los aspectos mundanos como el reino de Buda. En el futuro o incluso mañana temprano usted podría caer gravemente enfermo, perder sus sentidos, y sufrir un gran dolor. De repente podría ser asesinado por un demonio, un ladrón o un enemigo. En verdad, no se puede dar nada por sentado. Por lo tanto en este mundo transitorio donde el momento de la muerte es impredecible, proyectar vivir para siempre o gastar el tiempo conspirando contra otros, es bastante estúpido. Los Budas dijeron esta verdad a los seres sensibles. Los antepasados
comentaron específicamente este asunto. Yo también hablo de la impermanencia, del paso veloz del tiempo y de la urgencia de realizar el Gran Asunto del nacimiento y la muerte. Nunca olvide esta verdad. Comprenda que sólo tiene hoy, solamente este momento. Debería concentrar su mente en el estudio de La Vía sin desperdiciar el tiempo. Si hace esto su práctica se hará fácil. Discutir acerca de la superioridad o la inferioridad de la propia naturaleza, la brillantez o la lentitud en el estudio, es innecesario. "

Del Shobogenzo Zuimonki, 2-14 Edited by Kazuaki Tanahashi. Enlightenment Unfolds.
Shambala 2000


Nota: La Mente de la que habla Dogen Zenji es Bodhicitta, la mente que busca la Vía con determinación.